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Entradas

Déjà vu

  Belén llevaba una vida normal. Tan normal como la de cualquiera a excepción de los turbadores déjà vu que experimentaba.     Bajando las escaleras del tren subterráneo, al doblar la esquina en una callejuela, al entrar en una cafetería, una niña saltando a la comba, un semáforo, una mosca, un viejo R2D2. Cualquier cosa podía activar un déjà vu. Belén sufría con esas extrañas e íntimas sensaciones.           Había veces que los déjà vu eran tan intensos qué le parecía estar viviendo los recuerdos reales de otra persona. Qué aquello no era suyo. Si Belén creyera en la reencarnación hubiera dicho que evocaban una de sus múltiples vidas anteriores.         Ese día, sentada delante de uno de los carteles de prensa interactivos que cuelgan dentro de los aerobuses, le sobresaltó con fuerza las imágenes de una noticia de prensa amarilla. En ella se veía el cadáver de un hombre cubierto con un papel térmico plateado. La ...

Bruma

  Soy vegetariana desde que tengo uso de razón. Y aunque he de reconocer que siempre he echado de menos el sabor de la carne, nunca pensé que me encontraría sentada delante de este plato lleno de salchichas, jamón y beicon sin ningún tipo de cargo de conciencia. Os cuento.        El mes anterior me presentaron a Bruma con la que tuve una larga conversación. Bruma era una cerda modificada genéticamente para poder hablar, entre otras cosas.        —He deseado toda mí vida acabar en una mesa —me dijo mirándome sin vacilar.        Me sorprendió lo bien que olía. Su pelaje era suave y brillaba a la luz de la lámpara.        —Pero, no comprendo.        —Mi mayor deseo es qué me coman. He sido programada genéticamente para ello. Me sentiría frustrada si no fuera así.       ...

El filo de una hoja de papel dorado

  Foto: Filo de hoja de papel vista a través del microscopio Seis de enero de 2167. Ignacio cumple cuatro añitos. Por medio de drones correo han llegado desde toda la ciudad paquetes con regalos para el pequeño. El salón esta lleno de cajas sin abrir. La casa parece vacía.        Hace tan solo unas horas la alegría inundaba la vivienda y a sus tres ocupantes. Ignacio se había levantado pronto, ansioso por descubrir qué sorpresas le aguardaban. Sus padres habían adoptado una vieja tradición del siglo anterior, en la que tres reyes mitológicos depositaban en las casas regalos para los niños que habían sido buenos. La noche de reyes, tal como se la nombraba, caía precisamente en el seis de enero, el cumpleaños de Ignacio.        La ilusión de abrir los paquetes envueltos con papeles de colores vivos había precipitado a Ignacio a hacerlo atropelladamente.        ¡Zas! ...

Solo los huesos nos mantienen juntos.

Eres mi soporte, mi amigo, mi amante. La complicidad que nos une no se puede comparar con nada, hacemos un todo indisoluble. Tan profundamente compenetrado que no es necesario decir nada, simplemente sabes lo que necesito y me lo das. Sin embargo, hace ya un tiempo que nuestra relación ha cambiado.        Juntos hemos vivido intensas aventuras, profundos debates sobre la vida y la muerte. Hemos aprendido, llorado, reído, amado. Me has dado todo el placer que he sido capaz de sentir. Hemos sido felices.         Pero ahora, no respondes y vas a tu aire, sin tener en cuenta mis necesidades. Se está rompiendo nuestra sincronización y no puedo hacer nada para evitarlo.         Ya no podemos correr, saltar, bailar como lo hacíamos. Ni hacer mil cosas juntos. Te has vuelto torpe, lento, indeciso y gruñón. Solo los huesos nos mantienen juntos.        Has sido un buen cuerpo, fuerte y hermoso. No obstante, ahora...

Paco, la he vuelto a ver.

  La primera vez qué Manuela se fijó en ella fue por casualidad. La curiosidad que sentimos todas delante de una mujer hermosa. Alta, cabellera lacia y oscura bien cuidada y porte elegante. Manos en los bolsillos del abrigo y el cuello alzado.         La segunda vez se la encontró comprando en el supermercado. Pensó qué tal vez acababa de mudarse al barrio.         Otro día se cruzó con ella en la calle. Luego, observó que por la mañana tomaba el metro a la misma hora qué ella para ir al trabajo, y el mismo también a la vuelta. Fue entonces cuando empezó a creer que la estaba siguiendo.         Un fin de semana decidieron con su marido hacer un excursión al lago Certascan en el Pirineo. Y allí estaba la mujer, subida a una roca contemplando la profundidad del valle.         —Paco, mira, aquí está esa mujer otra vez—d...

Mascotas

  Escribir sobre mascotas. Nunca he tenido una mascota y no preguntéis el por qué, porque no lo sé.         No he tenido un animalito que me trajera buena suerte, tal vez por ello tengo tan poca. Entonces, ¿Qué voy a contaros sobre mascotas sí lo ignoro todo?          No voy a poder explicar la agradable sensación de tener en brazos un cachorro de perro. Esa bola de pelo caliente que palpita y gimotea mientras te reblandece el corazón.         No voy a contaros cómo huelen esos lametones húmedos en toda la mejilla. Ni como ronronea acurrucando en el regazo mirándote con esos ojillos y, mientras rebosas ternura, él se tira un pedete.         No hablaré de los pelos perrunos que inundan la casa. Por más que pases el aspirador te los encuentras en todas partes: en el cajón de la mesita de noche, en tu jersey prefer...

Jade

  Yo tenía trece años y ella era la oruga más bonita que había visto nunca. Jade, qué así la llamé, tenía una sorpresa guardada.         Jade era un poco más gruesa que un rigatoni , de un color verde intenso, recubierta toda ella de apéndices en forma de ramos de púas negras que la ayudaban a desplazarse. En la cabeza había cuatro ramos de púas rojos y de frente dos minúsculos ojos negros sin parpados.        No podía dejar de mirarla a través del cristal del pote de aceitunas que habilité como vivienda. Hice agujeros en la tapa de aluminio para que pudiera respirar e introduje una ramita del árbol donde la encontré para que pudiera asirse. Le llevaba hojas con las que alimentarse que ella iba devorando sin prisa. No tenía nada más qué hacer, pensé, que comer y acumular suficiente energía para transformarse en la hermosa mariposa que con tantas ansias deseaba conocer.      ...

¡Ay, lo natural!

Para alejarse un rato de cualquier situación desagradable no hay nada mejor que dejarse llevar por una buena historia. Por lo que este último año he abusado de series y películas. Algunas de ellas realmente exquisitas. Pero, esta circunstancia me ha llevado a una reflexión: Estoy harta del mundo que me ofrecen.        En la gran mayoría de los argumentos el futuro es distópico y violento. Lleno de catástrofes, guerras, zombis, máquinas infernales, alienígenas destructores y un largo etcétera de malos augurios. Desastres que acostumbran a ser culpa de algún malvado lunático al que se le ha ido la pinza o la propia naturaleza a la que hemos agraviado.         ¡Ay, la naturaleza!        Por su lado, la tecnología en lugar de ser una herramienta para solucionar penurias y protegernos de un medio hostil, se nos presenta como un tremendo error que nos aleja de la naturaleza y r...

Espíritus vengativos en la nieve

  Llevaban veinte días andando por el desierto blanco de la Antártida. No dejaba de nevar. El cansancio y la falta de nutrientes empezaban a hacer mella en sus cuerpos doloridos. Todavía faltaban unos ciento ochenta kilómetros para llegar al campamento. Había que tomar una decisión.        Xavier, Douglas y Ninnis habían salido de la base, en Tierra Adelia, para cartografiar Tierra Victoria que se hallaba a unos quinientos kilómetros. Marcharon a pie con trineos arrastrados por fieles perros huskys.         A punto de llegar a destino, Ninnis resbaló en el hielo precipitándose por una profunda grieta arrastrando con él al trineo con la mayoría de las provisiones y a la mitad de los perros.       Había que tomar una decisión y los dos supervivientes la tomaron a pesar de la grave violación que suponía, tal resolución, para su moral.        De...

Al alba todo el pueblo olía a petricor

  Las tres niñas bajan alegres por la pendiente que las lleva al rio Nieri Ko, afluente del caudaloso Gambia, que da nombre al país vecino, tienen un buen motivo para estar contentas.       Koudi es una diminuta aldea senegalesa con una hermosa mosquée en donde se toman todas las decisiones que conciernen a sus habitantes. La mosquée está rodeada por varios recintos familiares protegidos por murallas de adobe rojizo. Desde ella surge el camino hacia el rio.        A medida que las niñas se acercan a la orilla la escasa vegetación se torna verde esmeralda.       —Mi abuela asegura que ella no va a beber de esa agua —dice la más joven con guelé azul que sostiene en la cabeza un cubo lleno de botellas de plástico vacías —, así que yo tendré que seguir bajando. ¡Y subiendo!       —El otro día oí discutir a mí madre con tu abuela sobre el tema—dice la chi...

¡Cierra el pico!

  Ajani y su hermano pequeño Buki habían conseguido que giraran las cuatro ruedas del vistoso camión que ellos mismos habían fabricado con latas vacías. Ajani sujetaba al juguete un palo para que su hermano lo pudiera arrastrar por la tierra rojiza, cuando oyeron parar un coche y luego abrirse la puerta metálica del recinto familiar.      En ese instante, la casa estaba llena de mujeres y Ajani se creyó en la obligación, como representante masculino de mayor edad, de recibir a las visitas.       Buki se quedó jugando con el camión en el patio. Se oían voces distendidas charlando a la sombra del majestuoso baobab de la entrada. Al rato, quiso enseñar su espectacular camión a los de la casa y al dar la vuelta a la estancia que hace de almacén, vio a su hermano mayor agazapado protegido detrás de la pared.       —¡Shsss! —dijo Ajani sellando sus labios con el índice y obligando a su hermano meno...

Colores

Me gusta escribir rodeada de gente, acunada por el murmullo de voces desconocidas. Acostumbro a sentarme en un rincón del bar elegido y ese día le tocó a  un establecimiento regentado por una pareja de hípsters. Escogí una mesa al lado de un ventanal que llegaba hasta el suelo, desde donde podría disfrutar de un hermoso panorama del paseo marítimo.       Pedí un café y saqué el portátil de la mochila. Mientras se abría el ordenador me inundó la agradable certeza de estar donde y cuando debía de estar. Suspiré. Me distrajo el movimiento de la gente paseando por la avenida y fue entonces cuando lo vi acercarse.       Era un joven en la treintena que llevaba sombrero de paja. Vestía pantalones blancos y camiseta roja sin planchar, pero aun así con estilo. Debía ser de buena familia, pensé. Debajo un brazo sostenía una gran carpeta atada con cordel. La otra mano agarraba un caballete que colgaba del hombro.     ...

Correr en cículos siete veces siete.

  Akin despertó de una larga pesadilla sin saber dónde estaba ni lo que había sucedido. No pudo despegar los párpados hinchados y le desconcertaba el intenso trajín de su alrededor; murmullos, lamentos, pasos, ruidos que no sabía identificar. Tumbado boca arriba no sentía su cuerpo como suyo. Olía a orina y a sangre; opresión en el abdomen y en el rostro. Cerca había alguien porque escuchó un gemido hueco. Intentó darse la vuelta para socorrer a la persona que lo había emitido,  pero un dolor atroz le oprimió el costado cortándole la respiración.            —No te muevas, Akin —dijo una voz que reconoció como la de uno de sus tíos —. Algo te han roto por dentro. Toma mi pan y agua, yo no los necesito.           El chico, percibió la mano del anciano tomando la suya y acercarle el pan y la vasija.            —¿Que ha pasado?    ...